El Maestro (I) – Prólogo

Libro de música de vihuela de mano. Intitulado El maestro. El cual trabe el mismo estilo y orden que un maestro trabajaría con un discípulo principiante: mostrándole ordenadamente desde los principios toda cosa que podría ignorar para entender la presente obra. Compuesto por don Luys Milan. Dirigido al muy alto y muy poderoso e invictísimo príncipe don Juan: por la gracia de dios rey de Portugal y de las islas.

Prólogo

Libro de música de vihuela de mano intitulado El maestro. El cual tiene el mismo estilo y orden que un maestro tendría con un discípulo principiante; mostrándole ordenadamente desde los principios toda cosa que podría ignorar para entender la presente obra, dándole, en cada disposición que se hallara, la música conforme a sus manos. Compuesto por don Luys Milan. Dirigido al muy alto y muy poderoso e invictísimo príncipe don Juan, por la gracia de dios rey de Portugal y de los Algarves, de esta parte y de la otra del mar, y África y señor de Guinéa, y de la conquista y navegación.

Muy alto, católico, y poderoso príncipe, rey y señor. El muy famoso Francisco Petrarca dice, en sus sonetos y triunfos, que cada uno de nosotros sigue su estrella con estas palabras: Ogniun seque sua Stella; afirmando que nacemos debajo de una estrella a la cual somos sometidos por inclinación. Muy bien consideraban esto los Romanos en tiempo pasado, en el nacimiento de ellos, que hacían mirar por natural filosofía en qué estrella nacían para saber a qué eran sometidos; y sabido esto, hacían ejercitar a sus hijos en aquello que eran inclinados. Y por esta sabia ocasión había entre ellos muy excelentes hombres, o en las letras o en las armas, o en música y otras virtudes. Ahora, en nuestros tiempos, aunque los padres no tengan esta diligencia en los hijos; natura, como a madre de todos la tiene, pues trabe a muchos que se ejerciten en aquello que son naturales. Y que esto sea verdad, en muchos se ve y en mí lo he conocido: que siempre he sido tan inclinado a la música que pueda afirmar y decir que nunca tuve otro maestro sino a ella misma. La cual ha tenido tanta fuerza conmigo para que fuese suyo, como yo he tenido grado de ella para que fuese mía. Y siguiendo mi inclinación, me he hallado un libro hecho de muchas obras, que de la vihuela tenía sacadas y escritas, y, teniéndolo entre las manos, pensando lo que de él haría, me vino a la memoria lo que un filósofo griego hizo de una muy estimada piedra preciosa que se halló, a la cual teniendo entre sus manos dijo estas palabras. Si yo te tuviese perderías tu valor. Y si tú me tuvieses, perdería yo el mío. Y dicho esto la echó en la mar. Se siguió después que, de allí a poco tiempo, fue hallada una ballena muerta a la orilla de la mar y abriéndola se hallara la sobredicha piedra. La cual vino en poder de un rey, y fue tenida en tanto por él que siempre la traía consigo. Y ofreciéndose después oportunidad, vio el dicho filósofo en poder de aquel rey aquella piedra de tanta estima que el había echado en la mar, a la cual con gran admiración dijo estas palabras. Tu eres ahora de quien es tuyo; mostrando que la piedra estaba en su lugar. Este filósofo propiamente me parece que soy yo, que he hallado este libro al cual he dicho las mismas palabras que el filósofo dijo a su piedra. Y con razón las puedo decir, porque si yo solo tuviese este libro perdería su valor, pues él dejaría de hacer el provecho que puede. Y si él me tuviese para que ninguno pudiese gozar de él, perdería yo el mío, pues sería ingrato a quien me dio saber para hacerlo. La mar donde he echado este libro es propiamente el reino de Portugal, que es la mar de la música, pues en él tanto la estiman y también la entienden. No querría que lo tragase alguna ballena, que propiamente son los envidiosos; porque creo que se hallará muerto y confuso a la orilla de la mar de su envidia cuando vea el presente libro delante vuestra real alteza, cuyo favor le defenderá de todo enemigo. Y por esta y muchas otras causas, lo presento y dirijo a vuestra real alteza, diciendo aquellas palabras que el filósofo dijo cuando vio su piedra preciosa en poder de aquel rey que arriba he dicho. Tu eres ahora de quien es tuyo. Que quiero decir: que el libro está en su lugar, pues no podrá ser mejor entendido ni más estimado.

Luys Milan (1536)

Luys Milán, músico de la corte de Valencia, dedica a Juan III, rey de Portugal, su libro de vihuela titulado “El Maestro”, rogando la protección del soberano para que su obra perdure y sea provechosa.

Como se ve actualmente, fue un acierto. Su música de vihuela, surgida posiblemente de la improvisación, y sus canciones, continúan inspirándonos.

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